14 de diciembre de 2008

señales

Hijo, acabamos de venir del cementerio, aún siento las vibraciones del día de tu entierro. Hoy frío día de escarcha y nieve helada (esta nevando mucho) yaces en silencio forzado por un injusto destino.

Un clavel blanco (Lola -oshubara-) cruza tu lápida, dos rosas azules (mamá y silvia), una roja (Pati), flores silvestres (ánonimas) y el roble (451) que se niega a perder sus hojas y parece retoñar en espera del invierno, guían nuestros pasos en la pradera verde de tu última morada.

La foto familiar, plastificada, sigue luciendo nuestros rostros, el tuyo, incluso, riendo apenas quince horas antes de entrar en ese tunel obscuro que ya no nos devolvió tu sonrisa, tus ganas de vivir, tu aliento...

Pero, hete aquí que, contemplando ese recuerdo vivo, una señora hormiga (con el frío que hace y en la época que estamos) ha pasado por delante de la foto con desparpajo y yo diría que hasta con chulería,
no se te habrá ocurrido... Te queremos cabroncete.

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